La Caverna Gráfica

El recuerdo carnal del dibujar, su nostalgia, hace que el dibujante no pueda dejar de serlo. Placer con el añadido de una buena dosis de extrañeza. Buenos motivos para dibujar, una fiesta en suma.
Pero aún se nos presenta más. Pues es cierto que existe placer novedoso en sus cavernas. Por tanto hay que hacerlo salir… ¿hacerlo?…lo incorpóreo se hace a si mismo.
No es el placer de la técnica, ni el del dibujo anal y naif; ni siquiera el de la  sorpresa gráfica. Es algo, créanlo, biológico, ancestral e irrefrenable. Un placer que ocupa el dibujo. Lo ronda y lo toma. Todo lo cual se representa en el cuerpo, se materializa en la carne del propio dibujante. Entonces ¿en qué es carnal dicho placer? Simplemente, no diré más,  se produce cierta vibración a nivel gástrico y alrededores. El ser humano, no lo olvidemos, no es más que un tubo con una entrada y una salida, todo lo demás es adorno, poblados alrededores de fantásticas estructuras y sofisticadas alarmas. Mas nos puebla la necesidad y todo se aviene a ella.
Quien haya sentido la tierra de la otra orilla, su frenética alucinación, sabrá de lo arcano y secreto que atrapa al que se sumerge en la representación, en este caso a manos de un lápiz.
Así que esta noticia que doy de tal placer acaba aquí. Todo lo demás corresponde al mundo de los tesoros escondidos y hallazgos sorprendentes de la propia biología neuronal. A lo privado en suma ¿No es temeridad pretender amaestrarlo, oficiarlo?

El Gabinete del Doctor Palop

 

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a Don José María Palop Gómez en el noventa aniversario de su nacimiento. Al que tuve la inmensa suerte de conocer.

memorias de una papelera – dos

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Es difícil distinguir una papelera de un cerebro, casi imposible…

Sput!

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Koniek Island (ON nº2)– Esta entrada corresponde al capítulo 4 – La presencia de la muerte se escenifica ante nosotros cada segundo. La almidonada urbe, versión más comedida de la barraca de espantos, esa la feria de las maravillas, el gran teatro, guarda en sus recovecos, sin embargo, la huella de lo natural, la darwiniana lucha de la transformación.
Ya decía que esta serie no es otra cosa que la constatación de la muerte, su ritual en el asfalto. Tema, acaso, poco popular. Pero las cosas son como son.
Las voy publicando sin orden, quizá para contribuir al espanto de la consumación. La diminuta consumación diaria.

Siluetas

 

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De la Serie: Siluetas Mínimas. Pictografías para el ojo invernal.

Bocetos de portadas

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Dedicado al pseudónimo Jasikevicius por su infinita bondad para conmigo y al que desconozco (?) por completo. Gracias.

Roadrunner 1 y 2

Roadrunner #1

Roadrunner #2

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Sigue nuestra galería para fumadores.
Dos momentos de una experiencia de relajación física. El cuerpo es tozudo en su enervación y, algunas veces, hay que amansarlo. El primer momento es casero, fumando con tranquilidad mientras se observa sin prisa tras el ventanal amanecido. Es cuando a la calma se le va uniendo un sabor intenso y dulce comparable al aroma de la fruta del limonero. El segundo es la transcripción del universo coloreado del ir y el venir de la gente en una avenida durante un paseo donde los colores y las formas se fusionaron mientras el silencio fue invadiendo el trajín de la muchedumbre. Octubre de 2009.

Almanaque 2011-2012

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Gloria in Excelsis Euro

Felices Rebajas

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Postal de Navidad – Gentileza de “Polvorones Mataix” 40%patata. Se pegan al paladar (garantizado) – Dedicada al niño Roberto Balaguer con mucho cariño (gran comedor de moscas). Que me dijo : “la mosca es una golosina”.

El sueño eterno

 

Toma 3 – En mis más horrendas pesadillas, al cruzar una esquina, cuando un cielo plomizo tiñe el nuevo panorama, aparecen cien pedagogos que me miran enarcados. Nada hay más sutilmente macabro que un pedagogo, con esa su mirada de regla milimetrada y esa su sonrisa de melladas certezas. Y me dicen: ¡cállate! Todos y cada uno van con una caja de cartón asida a sus sobacos y, a veces, la mano de un niño asoma por un instante. Son las manos de los niños que no se callaron. Porque el pedagogo come niños, los deglute y pone un huevo.

También de sus bolsillos asoman toda clase de envoltorios. En ellos guardan todo lo que van midiendo, porque certifican defunciones, ese es su oficio, embalsamar para ordenar el mundo. El mundo de lo muerto. Al niño que no cabe en sus reglamentarios envoltorios lo trocean, numeran y lo embuten. Por mi parte, no sé ni cómo, siempre encuentro una bicicleta a mi lado…entonces comienza la persecución, la mía…ya despierto, entre sudores, descubro que me falta un dedo, otro día el lóbulo de una de mis orejas, o descubro un domingo la huella de uno de sus dedos en un dibujo…pero me doy cuenta que sigo soñando y mi despertar sigue formando parte del sueño, de sus sueños…y me digo: no me cogerán despierto.

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