Archivo de la categoría: Chimenea

La historieta es una sombra

Hasta qué punto se dibuja una historieta. Es eso lo qué se hace, dibujar? O más bien se trata de un proceso de abocetados que toman cuerpo cuando están impresos? ¿Se trata de una simulación gráfica para ser reproducida?.

Pues sucede que, ese “raro dibujar” sólo cobra su sentido en el papel impreso, en un soporte. Lo que en el mundo artístico se denomina calidad, se diluye en el proceso grosero de la impresión fotográfica, y su degradación es continuada junto al azar de las variopintas maquinas de imprimir, ajenas al dibujante, bombas de azar.

Así, toda historieta, como el cubito de hielo, gotea grafismo, lo pierde en su soporte barato de basto papel. Es el último lugar donde se transfigura.

Y nunca se reconoce del todo un dibujo cuando es reproducido, siempre tiene algo de ajeno. Algo que, misteriosamente, lo ennoblece.

El dibujante sabe que una historieta no se define en su dibujo, ni en una viñeta, ni en su puesta en página. Y siente que la historieta se hace cuerpo en su lectura, en lo ajeno, en el lector.

Definir una historieta como una disección sólo conduce a una lección de anatomía…al estudio de un cadáver. A manufacturas académicas, esos perros guardianes. El dibujante, la lectura que persigue no es hedonista sino, más bien, premonitoria. La que se genera fuera de la página, la que sólo crea el lector, no los lectores.

Aquí, el dibujante, es el cirujano de la elipsis. Y su torpeza determinará las lecturas. Como en los puntos y las comas de la escritura, las malas elipsis cambian el sentido de lo leído. Así de salvaje es la indefinición de la historieta. Pues su proceso de lectura es también táctil. Los ojos tocan, soban y acarician el papel, también son ciegos. Son las impresiones de página tras página, ese ir y venir de trazos…el mareo de estar en la historia, el sumergirse en ella y ser poseído.

Así pues, como al principio ¿qué clase de dibujar es éste que más parece el de un escaparatista de símbolos?

El dibujante de historietas dibuja sombras. Construye andamios de sombras. Es una sombra.

Nota- Es a la notable imperfección de nuestros sentidos a la que debemos la percepción de la maravilla. Esa su inconsistencia hace posible la fábula y el delirio. Incluso la “inteligencia” del ser humano puede que sea la excrecencia de dichas imperfecciones.

Anuncios

Viñeta, ilustración, elipsis…

La ilustración se cuenta a si misma, hacia adentro. La historieta, sus viñetas, cuentan a la precedente y a la siguiente, haciendo referencia a la totalidad de las viñetas. La solitaria viñeta se disuelve, cuenta hacia afuera, se desarrolla hacia adelante y hacia atrás, se mueve. Estatismo frente a velocidad. Un estatismo, el de la ilustración que acaso sea falso y se mueva en espiral.

Sin embargo no carece la historieta de introspección gráfica, de hecho es uno de sus elementos esenciales, y segrega narrativos datos en la capacidad dramática del trazo, del estilo, de la composición…Mas, a grosso modo, pudiéramos definir la diferencia entre una ilustración y una viñeta en el carácter centrífugo de esta y centrípeto de aquella. Divergir y converger.

Así, la viñeta que no se preocupa de su propio movimiento, que no lo explicita, tiende a lo ilustrativo y documental. A lo ensimismado (otro género entre los múltiples géneros en los que se mueve la historieta). Quienes dicen que los géneros han muerto simplemente hacen publicidad del género que preconizan. Pues sin unos códigos narrativos altamente definidos, se hace historieta experimental, vanguardista: de nuevo, otro género.

Abrir, hacer mover la narración, se consigue por medio de la sucesión de viñetas. Sucesión elíptica, en la que la duración de la elipsis se ejerce a voluntad. (Yo mismo, a veces, realizo historietas en las que se representa lo elíptico que no se muestra en una narración clásica)

La historieta, pues, no sólo muestra, sino que sugiere lo no mostrado. Es el lector quien reconstruye su tiempo, quien le da sentido. El dibujante de historietas lo sugiere y preconiza.

En cualquier secuencia existen momentos que la ejemplifican, tantos como otros que la reconstruyen. Escoger, así, el momento propicio para la elipsis es, efectivamente, otro de esos momentos cruciales en los que la historieta ejerce de tal. Propiciar la elipsis puede efectuarse de modo evidente, clásico, generalista. Como, también, hacerlo en el momento más inadecuado (espécimen nada desdeñable si la narración pretende otros ámbitos fuera del lugar común).

El lenguaje de lo masivo es el lugar común. Asunto que precisa de una técnica nada despreciable, modulando lugares comunes, clichés y lenguaje definido y entendible. Institucionaliza iconos, genera sublenguaje propio. Todo reconocimiento generalista, masivo, genera un género. Los géneros culminan su estereotipo y entran en senectud cuando ya sólo se refieren a si mismos. Cuando su ombligo ha sido definido.

Pero decíamos al comienzo que el lenguaje de la historieta es abierto, interpretativo, aún posibilitado de novedades narrativas.

La Caverna Gráfica

El recuerdo carnal del dibujar, su nostalgia, hace que el dibujante no pueda dejar de serlo. Placer con el añadido de una buena dosis de extrañeza. Buenos motivos para dibujar, una fiesta en suma.
Pero aún se nos presenta más. Pues es cierto que existe placer novedoso en sus cavernas. Por tanto hay que hacerlo salir… ¿hacerlo?…lo incorpóreo se hace a si mismo.
No es el placer de la técnica, ni el del dibujo anal y naif; ni siquiera el de la  sorpresa gráfica. Es algo, créanlo, biológico, ancestral e irrefrenable. Un placer que ocupa el dibujo. Lo ronda y lo toma. Todo lo cual se representa en el cuerpo, se materializa en la carne del propio dibujante. Entonces ¿en qué es carnal dicho placer? Simplemente, no diré más,  se produce cierta vibración a nivel gástrico y alrededores. El ser humano, no lo olvidemos, no es más que un tubo con una entrada y una salida, todo lo demás es adorno, poblados alrededores de fantásticas estructuras y sofisticadas alarmas. Mas nos puebla la necesidad y todo se aviene a ella.
Quien haya sentido la tierra de la otra orilla, su frenética alucinación, sabrá de lo arcano y secreto que atrapa al que se sumerge en la representación, en este caso a manos de un lápiz.
Así que esta noticia que doy de tal placer acaba aquí. Todo lo demás corresponde al mundo de los tesoros escondidos y hallazgos sorprendentes de la propia biología neuronal. A lo privado en suma ¿No es temeridad pretender amaestrarlo, oficiarlo?

Hacia la viñeta

En una historieta el proceso técnico del dibujar desarrolla su elemento narrativo. Las soluciones gráficas que se adopten para cada problema determinaran su estilo. Pues más acontece el estilo en la forma de narrar que en el mismo trazo. Hay trazos, maneras de dibujar, que no se corresponden con lo narrado (a veces un tratamiento gráfico no resulta ser el más adecuado con la narración que se pretende).

La coherencia entre lo narrado y la forma de hacerlo hacen que lo gráfico alcance su óptimo resultado convirtiéndose en elemento esencial del lenguaje historietístico.

Toda síntesis en una caricatura. Y cualquier representación gráfica es sintética: la adecuación de esta síntesis a lo narrado (a su forma textual y gráfica) es el dominio eficaz de un lenguaje. Y dentro de esto se dan las posibilidades narrativas de la historieta.

Cualquier elemento de una historieta es narrativo. Su función es esa: narrar. Desde la forma del mismo contorno de las viñetas se comienza a hacerlo. Efectuándose ya una gramática. Sintetizar por medio del estilo todos los elementos de una historieta significa la construcción de un lenguaje.

La página es su unidad. Sus viñetas están en función de las demás, y su pretensión es tanto narrar una historia como pergeñar  su dramatización y la carnalidad de lo narrado que construirá el lector.

Así, el cómo y el qué dibujar estará en función de las necesidades dramáticas de una escena, no en la ilustración por si misma. Ilustrar una narración simulando viñetas es dejar aparte, minusvalorar, el propio lenguaje de la historieta y sus posibilidades. Así, las viñetas tendentes más a ilustrar que a narrar abandonan con facilidad la tendencia dramática de toda viñeta para, de este modo, suspender la acción o connotar elementos. Siendo una solución puntual.

La viñeta, diríamos, ha nacido para narrar junto a otras como ella. La ilustración en la historieta, como elemento narrativo, ralentiza lo narrado, lo despoja de su característica dinámica. No sugiere, dictamina. Casi es un concepto moral.

Porque una viñeta es la fijación, no de la naturaleza de sus elementos, sino de su dinamismo dramático.

Clientelandia

Para un creador la autonomía de su trabajo le es fundamental. Pero, a su vez, su consecución lo excluye de los medios de producción. Ahora dominados por las nuevas formas de mecenazgo que, en gran medida, y cada vez de un modo más creciente, van tomando el relevo al tradicional mecenazgo del estado que, a su vez, lo tomó de la aristocracia en el momento en el que la burguesía y sus valores acabaron con ella. Unos valores estéticos, los de ésta, anclados en lo más profundo de un subconsciente hortera, antediluvial, abisal en su mal gusto. Modelado en lo moral.

Siendo el estado, hoy, una materialización de dicha burguesía mediante una clase política que guarda sus intereses y los protege. Diversos envoltorios para la misma cosa: la creación de estados de opinión.

Así, las burocracias culturales, los gremios y asociaciones, las empresas y corporaciones, ejercen su dominio sobre la producción cultural mediante la apropiación de los medios de producción, de difusión y de consagración y reconocimiento como premio a la fidelidad del artista. Cultura light que se apoya en la creación de un mercado cuya previa manipulación ha sido ejercida desde su financiación.

Las formas de dominio social en el campo cultural se ejercen mediante el mercado, ese proselitismo ejercido por unos media ya atomizados por los grupos de un poder político confundido sin ambages con la protección de la mercancía.

Y tras el panorama asoma el artista, ese osito de peluche ya domesticado en el clientelismo, ya adscrito a alguna moda, ya inmerso en el espejismo de una libertad de escaparate. Son tiempos en los que el creador, sumisamente, se adscribe a una pertenencia y ladra junto a su amo las excelencias de la mercancía. Un mundo en el que se nace ya cliente.

Un trozo de muerte

…….

Esta noche un insecto no acaba de quemarse bajo el flexo de 100 watios. Sólo logra transitar en círculo: pues su extremidad caudal derecha ha quedado fulminada. Fue en un descuido. Mientras limpiaba unos pinceles en la terraza.

En su circular, agita sus largas antenas y mueve la cabeza de un lado para otro, queriendo explicarse en el espacio; sin saber que el espacio ya no abarca más allá de su mirada. Ahora es ciega. Sin embargo, despliega sus alas tiesas que cada vez son más pesadas por el calor que las tornó opacas. Mientras las frota desesperado, cae de bruces. Ignorante de una parálisis que afecta a ganglios autónomos.

Ahora sus cerebros diseminados y vivos se obstinan en la normalidad y cae desplomado. Su verde se fue ensuciando, plagándose de un ruido de grisáceo acabamiento que recuerda al musgo escondido. Desesperadamente se apoya sobre su abdomen, se yergue de puntillas simulando el vuelo. Sus desmesuradas antenas palpan su propio calor. Hace rato que lo alejé de la brasa. Y ahora descansa sobre una hoja de papel. Pero insiste sobre su eje en vértigos desesperados. Los bordes del papel lo calman en su apoyo, sólo un nuevo dolor le confirma que está vivo. Ya sólo mueve sus antenas, arqueándolas, como en las despedidas. Fallece poco a poco en el día simulado de los flexos. Va muriendo.

Rosebud Dog (una NG) (3D3)

Nuestra primera hazaña sería batir el record de viñetas diminutas y, así, salir en el Guinness, que eso aumenta ventas,. Pues me comprometo a insertar unas 6000 por página y en cada una de ellas la fachada del mismo edificio con su ventanita, ladrillos y demás detalles y asomado a ella un señor cuarentón y con bigote que durante, digamos 70 páginas, y sin moverse en absoluto, está dándole vueltas al día en que, siendo un niño, desapareció su perro sin motivo aparente, un perro mugriento y de mirada metafísica al que adoraba. Para no cansar mucho, el día y la noche pueden ir circulando al fondo del edificio cambiando colores y nubes en plan arrebato artístico. Finalmente, ese hombrecito vulgar abandonará la ventana para encontrarnos con su padre, ya viejo y catatónico sobre una silla de ruedas, anciano que ya depende enteramente del hijo. Que le da de comer (digamos 80 páginas más) Todo en una sinfonía de primeros planos de ambas caras, la cuchara, el tenedor, el cuchillo, el plato, la servilleta, una botella de Ketchup, aros de cebolla fritos, la deglución de los alimentos, la mirada de odio del padre, la mirada sumisa del hijo, una mosca que pasa etc…a continuación, y en la misma habitación, porque me da que la hemos dibujado aún demasiado poco (y ahora podrían venir unas 90 páginas, pues vamos en un in crescendo dramático y trascendental) un recorrido pormenorizado por la habitación haciendo hincapié en los retratos familiares sobre una espaciosa chimenea y en las paredes de la sala, en exhaustivo repaso a la vida de los protagonistas relatado en cartuchos, (pues ya va siendo hora de introducir lo literario, no sea que me contradiga), de la degradación familiar, primeros cumpleaños, la universidad, una madre represora, un padre manso y sumiso, la primera y única novia del ya jovencito, odios de suegra, el joven deja a su novia por enfermedad súbita de la madre (cuando le comenta que desea hacerla su esposa) para cuidarla, ahora ya impedida. A continuación nos dejamos ya de textos literarios para ir a por las 300 páginas finales, no sea que Micharmut nos salga con que la NG es literatura, pues con las 240 anteriores ya sumaremos un buen fajo de 540 páginas para que la cosa comience a tener aspecto de NG.

Y ya entrados en el estallido final de la NG nos dispondremos a regresar al hombrecito del bigote a la ventana de inicio, por si habíamos olvidado la efemérides del record, donde le dará vueltas a la desaparición de su impedida madre en extrañas circunstancias, que la narración dejará misteriosa para que al lector le arrebate el suspense, y aquí seremos condescendientes, y con 48 páginas nos daremos por satisfechos. Finalmente (252 páginas) nos trasladaremos a los tiempos en que el padre era operario en un matadero de reses en Wisconsin, allí, minuciosamente veremos todo el proceso del sacrificio vacuno, desde su muerte por medio de una pistola eléctrica aplicada a sus nucas, hasta su despiece y envasado final, curiosamente con la efigie de aquella su novia como logotipo, un detalle lisérgico que tiene su público, todo ello en medias páginas: las superiores en azules y morados de no menos de 40 viñetas. Para dibujar en la media página inferior con, ahora 60 viñetas, pues la NG es apaisada, y así la NG va deshaciendo cánones de formato y dando lugar en los blogs a apasionadas discusiones en las que el señor Pepo será uno de sus principales protagonistas, por no decir el principal, decía, a la reconstrucción de un despiece de la madre impedida a manos de nuestro maduro protagonista con bigote, que aprendió el oficio de niño cuando su padre lo depositaba en la guarderia del matadero. Aquí, en la media doble tira de abajo, marrones intensos y sus variadas gamas, y algún dorado y plata, para qué privarnos si lo publica Fantagraphics. Concluyendo, pues, y viendo ya claramente que, en esas comidas del padre catatónico, va ingiriendo a su esposa con detalle. Para ello las últimas 52 páginas serán un paseo por el sótano del edificio donde, no menos de 70 filas de frigoríficos, todos de la marca Westinghouse en hileras, que contendrán los restos maternos, numerados y fechados, en bolsitas, siendo la última la de su dentadura y las antepenúltimas sus senos. Y ya viene el final de la NG, pues la dentadura se la colocará finalmente a su padre y entonces, éste, dirá una última y sóla frase : 1ª posibilidad “Hecho de menos a tu madre Fred” (version para el Fnac) o 2ª posibilidad “Tu antigua novia se ha casado esta mañana con Walty Murray al que le regalé tu asqueroso chucho” (Tiendas especializadas) y 3ª posibilidad  – organizar un concurso en el que el mayor postor, algún millonario, escoja la frase. 540 Páginas + 48 de adornos variados y créditos +Portadas y portadillas. 80 Euros. (Supermercado y ascenso a la cúspide de la NG, museo y tesinas (y hasta una cita de 4 segundos en el telediario nocturno)

Panfleto aclaratorio (2D3)

A mi, particularmente, son escasos los historietistas que no me enseñan algo o mucho, sean artesanos, de tercera fila o NGs. Pero de ahí, a tal como rezaba la publicidad de un librito canónico sobre la NG que cayó en mis manos, ponderándola como si se hubiera inventado la pólvora y el siglo de historietas anterior fuera más o menos una estúpida broma (o ese hermanito muerto que decía Dalí necesario para su nacimiento) ante el nuevo advenimiento cuasi religioso, va un abismo. El término no sólo es poco atinado sino que desprende un olor a lloriqueo trepador hacía la “alta cultura”, que sonroja. Y no es la primera vez que se intenta.

Mi aprecio hacia la menospreciada historieta para niños, infantil, la serie B y el tebeo sin pretensiones y cochambroso es infinito. Y no lo valoro por debajo de ningún otro, de ninguno. Para mi el tebeo de calidad, o de autor o como quiera llamarse, es un género más, no una distinción. Que yo me decante por una historieta investigadora de recursos y, sobretodo que nazca y se reproduzca desde el propio grafismo, del propio gesto, dejando que el dibujo hable; no significa que menosprecie lo demás. Es más, lo admiro. Lo que no quita ni pone. Mas a la estupidez pseudointelectual domesticada y excluyente no le tengo el más mínimo aprecio.

Por supuesto que dentro de ese membrete mercantil de la NG hay maravillas, el historietista se amolda a lo que hay, faltaría más. Y la calidad de la historieta actual es mucho mayor de la que fui viendo por estos andurriales desde que me dedico a este menester de forma amateur. No he tratado de decir que las NGs son malas historietas, cualquier lector avispado lo habrá advertido. De lo que me burlo es de que la historieta acabe en talleres literarios y otras estupideces kistch tan en boga. Por poner un ejemplo.

He vivido tiempos en los que afirmar sin avergonzarte que dibujabas historietas, y no comics, te acarreaba un menosprecio por parte de los artistas e intelectuales que daba risa. Y no crean que cambiará mucho el panorama si necesitamos el nihil obstat de los mandarines culturales para que la historieta (la burda, la infantiloide, la de encargo, la enfocada a los adultos, la NG…todas las que sean) no se la menosprecie en cuanto la moda se encamine hacía su siguiente estación. Este falso prestigio no lleva sino a academicismos engolados y a la formación de críticos gurú manejando la industria…como a veces ya sucede. Y si sólo se puede tener libertad en una charca hedionda, por mi parte, allí me encontraran.

Para los que no saben leer: léase como un panfleto, que lo es.

A propósito de la Novela Gráfica (1D3)

La estructura del mercado hace que los medios de comunicación, el potencial de sus lenguajes, funcionen bajo mínimos. Sucede algo parecido, dicen, con el cerebro humano, del que apenas un diez por cien de su potencial es utilizado.

La necesidad del mercado hace que la experimentación formal de un medio naciente sea fugaz y marginal, pues su razón de ser es el beneficio. Así, cuando un medio es seminal acaba imitando el lenguaje de otro medio cuyo ecumenismo esté probado, adaptando las formulas de su lenguaje para un público que ya las conoce.

Es en el siglo XIX cuando la cultura de masas en la cual vivimos se va gestando. Un entonces dominado por lo teatral, donde la novela va adquiriendo carta de naturaleza mayor, el periodismo subsiste junto al folletín sin limitar los márgenes el uno del otro, siempre en comunicación. Junto a la lenta descomposición de las normas del arte, de sus leyes, tal como habían sido recibidas de la aristocracia cultural con sus cánones de belleza y demás academicismos. Tiempos estos en los que se gestan las reglas del juego cultural y se conceptúan las escalas de prestigio de las artes actuales, jerarquización cultural ligada a los públicos a los que se dirigen.

El estudioso Pierre Bourdieu ejemplifica el proceso hablándonos del Teatro, principal valor cultural de este siglo XIX y contempla sus diversos géneros: El Teatro Clásico (que posibilita la ética filosófica), la Comedia Ligera (que transmite tesis ideológicas), el Vodevil (que funciona como documental de costumbres) y el Cabaret (dedicado a reflejar las pasiones humanas más ardientes). Con una marcada diferenciación cultural que facilita su movilidad comercial. Los géneros, pues, son un producto de la industria, de sus necesidades de distribución y venta.

Es dentro de este panorama donde nace la historieta a la vez que el cinematógrafo. Y todo ello en un siglo donde se acaba de inaugurar el alumbrado público y, en las imprentas, la maquinaria eléctrica comienza a revolucionar los mercados. Nace, pues, la historieta, indagando en sus primeros balbuceos para fijarse un lenguaje propio, al mismo tiempo que el cinematógrafo indaga los suyos. Y ambos sucumbirán a las reglas del mercado adaptando los lenguajes teatral y literario a su lenguaje, para dejar de lado el enorme potencial que su especificidad como medio les ofrecían. Quedando en sus márgenes la experimentación.

Voces como la de Robert Bresson son ya pura anécdota en la historia del cine “…el cine de todos los días no es sino teatro bastardo, teatro fotografiado. Porque en él apenas se ofrece al espectador otra cosa que la representación fotográfica de un espectáculo previamente ensayado…” Bresson imaginaba un cine que naciera de sus propios materiales, de la misma imagen y del hecho de filmar.

De los avatares del cine nunca ha sido ajena la historieta, y de sus imprecisos territorios propios tampoco es ajena la propia bastardía de sus lenguajes provenientes de la representación teatral. La historieta, así, confundió el texto de sus bocadillos con lo literario. Y aún se da crédito a definiciones como “La historieta es una integración del lenguaje icónico y el lenguaje literario” que es como decir que la historieta es un mejunje de aquí y de allá. Cuando han sido las imposiciones del mercado, y en especial las necesidades de producción masiva, las que han literaturizado la historieta, banalizándola en suma. Pues lo literario, en la historieta, es un elemento más de su lenguaje, y ni siquiera necesario y preeminente. Y, además, no es literario, no es literatura, sino, y de nuevo, pictogramas de alfabeto, ruido en suma. Ruido, por otra parte ejemplar, pero no literatura.

El viento

Viento. Desde el interior de la habitación cerrada no lo siento. Lo veo.

Y, al verlo, de alguna manera lo siento ¿acaso no es sentir el ver? en el movimiento sin pausa del verde de los tiestos, en la tendida colada que va secando en limpieza o en los flecos del toldo que aguarda un verano. También en la nube que camina a su merced y lo va engañando hasta esconderse.

También a ratos se escucha entubado en las manzanas, prisionero de paredes y fachadas. Ululando en el interior de los patios, como instrumentos musicales de arquitectura afinándose. ¿Acaso no siente el oído y también nos es ajeno?

Se trata de una mañana, ésta, que quisiera entronizar al tacto como el más real de los sentidos. Pareciera como si el viento fuera hecho para sentirlo en su acción. Las consecuencias de su movimiento musical retumban aquí, en la cerrada habitación que me contiene, provocando racimos de sueños y elucubraciones. Ando. Aquí, creando el viento.

PD- En las sensaciones que veo se interponen textura y luz. Así, sólo veo superficies bajo la acción del espacio…vemos películas de luz, interferencias de epidermis, raramente la cosa (si acaso, su vestigio).

Por eso…

1-     Lo obvio, por ejemplo el poroso espacio, nos pasa inadvertido…

2-     …por la misma razón que no se advierte que las cosas suenan y tienen ruido.

3-  Dilapidar el tiempo. Dejarlo pasar. Ver como a uno se le derrite el tiempo mientras se pretende que lo atravesemos.

4-  Nunca el esclavo se levantó hacia la conquista del tiempo. Miedoso sólo buscó cambios de oficio.

5-  Hay una notable diferencia entre la curiosidad y la esperanza. Aquella mueve la voluntad, ésta la acobarda.

6-  La realidad se ve con mirada de necesidad. La realidad sólo se conforma de necesidad.

7-  En la vida nocturna de las ciudades sólo se habla a lloros. Gemido disfrazado de arrogancias. Nada más tierno que pasear a la conmiseración la propia inconsistencia. Una consistencia que, por otra parte, nos es ajena.

La agonía del Súper Héroe

 

La afirmación del Yo a través de la materia y el abastecimiento de sus necesidades, aunque sea de forma simbólica, es la principal tarea del joven, en este caso lector (durante la juventud todo es matérico y hasta lo elucubrado necesita evidencias). Sentir y apaciguar necesidades a través de las emociones es el enigma que ocupa su vida. Conocer y aceptar el cuerpo, el propio y el ajeno, concluye en pensamiento mítico.

La historieta de Súper Héroes es eso, la epopeya de la afirmación del cuerpo. La fuerza como valor.

Así, este género de historieta necesita del narcisismo, su descubrimiento y su enigma. La mixtificación de la evidencia de un YO encarnado. Vértigo y soledad ahora son lo mismo. Fuerza y, por tanto, poder, es el culto. Junto a la evidencia de la existencia de otros diversos cuerpos en actitud de competición y otras liturgias de autoafirmación.

Se trata de la iteración de la saga heroica: La razón por la fuerza, las variadas fuerzas (místicas o musculares). Y el Yo mitificado es afirmado una y otra vez en la historieta de Súper Héroes. Hacer factible el ego, mostrarle sus posibilidades en un mundo real. Probar la idoneidad para satisfacerlo.

Todo género alcanza su agotamiento cuando su simbolismo es ya gesto vacío y su iteración se transforma en un histrión hiperrealista al que sólo la desmesura hace narrativo. En el caso del Súper Héroe una desmesura de manual médico anatómico dibujada a través de un microscopio hedonista ajeno al entorno, al discurso.

Género éste que culminó su maravilla y es pura nostalgia. Una crónica enmascarada del “destino manifiesto” que engendró la sociedad norteamericana para explicarse a si misma.

Fumando Plástico

«Nos encolerizamos…no contra aquellos que nos han agraviado, sino contra los que nos van a agraviar, para que sepas (nos decía Séneca) que la ira no nace de la ofensa»
El dibujante suele asomar cuando las intemperies estallan gráficas. Y es por eso por lo que, en estos días de fricciones, aparece en el bar sin humo y junto a la terraza humeante, a su lado. Pocas cosas producen más sosiego que observar las pasiones humanas, la naturaleza humana, como descuidadamente se viene denominando.
Seguir la historia de los vicios y las virtudes, el acorralamiento de sus preceptos sociales, es reconfortante y enternecedor. El vicio ha cambiado muchas más veces de puerta que la virtud. Y ninguna virtud se ha pasado al vicio, sino a la psiquiatría. Sin embargo, algún que otro vicio se ha mudado en virtud. Pues la naturaleza de lo vicioso nace de lo convencional, o como vulgarmente se dice, del viento de los tiempos.
También no pocas virtudes caen en desuso, desaparecen del santoral de lo correcto, se ausentan sin caer en vicio. Viejas virtudes como la modestia, la paciencia, la templanza o el sosiego son hoy molestas e innecesarias. Incluso dañinas en esa tempestad en la que se ha convertido la vida.
Sin embargo, el vicio, transformado con nuevo envoltorio se sofistica en la memoria y se hace mito. La fugacidad de lo real, su inmediatez, está reñida con el esfuerzo. Del vicio y la virtud ya lo dijeron todo aquellos romanos, simplemente asistimos hoy a sus variaciones de posición en el puzzle. Y aquí me tienen, con un cigarrillo de plástico, de pega, en la barra desierta, observando expresiones. Al lado, junto a su mesa, Aristóteles, que parece susurrar sus propias palabras «La ira es el deseo de devolver un sufrimiento». Y siento su odio en mi nuca.