Manada macabra

Manada Macabra

El mejunje que les servía el viejo Oldie no era otra cosa que una repugnante bazofia de color amoratado y hedor nauseabundo, más parecida a una herida coagulada que al sustento sin pretensiones que se acostumbraba en el rancho. De eso hacía ya varias semanas.

Días antes, una desesperada cuadrilla de muchachos, al amparo de la noche, habían sacrificado una de las reses para acabar asándola en una cañada oculta y devorarla en el más absoluto de los silencios. Los cuatro vaqueros acabaron con el animal esa misma noche. Pero, asimismo, también acabaron colgados de un árbol cuando Latimer Morkoff averiguó lo sucedido. Lo hizo a la vista de todos los muchachos. Como escarmiento, pensó, sería lo más ejemplar.

A partir de aquel día el capataz Latimer Morkoff dejó claro el asunto.

– Estáis en vuestro perfecto derecho de largaros. El que lo desee puede hacerlo. Pero ya firmasteis vuestro contrato. Y el que sepa leer de entre todos vosotros podrá comunicarle a los demás que el abandono implica la condonación de la paga. Así que mister Finch no os debe nada si vuestro deseo es ése. En cuanto a las reses, la falta de cada una de ellas se os descontará a cada uno de vosotros. Una sóla vaca desaparecida significa el descuento de una res por barba. Así que, atentos…no sea que al final del viaje vuestra deuda con el señor Finch os deje baldados.

Por eso el viejo Oldie se limitaba a servirles en las comidas las reses que caían despanzurradas y enfermas. Y no debía ser ninguna tontería aquella ponzoña que iba diezmando el ganado, cuando ya algunos vaqueros habían enfermado y muerto por el camino.

Mas fue Nuschen, el pelirrojo, el que descubrió en su plato la yema del dedo de uno de los muchachos muertos. No cabía duda, eran los restos del mexicano. Su tatuada uña, aquella águila diminuta rasgando un guitarrón, que flotaba, como un alegre náufrago en el plato del sueco.

Nuschen vomitó sobre sus pantalones de cowboy. Se estaban zampando los restos de sus compañeros.

– Le debes a mister Finch unos pantalones – le advirtió a Nuschen el capataz.

…….

Lecturas para el verano. 3 Westerns. Por Silver Samsa.

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Una respuesta a “Manada macabra

  1. Tremendo, y refrescante.

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