Chimenea (1D12)

1ª Parte - La muerte y el muerto (1)

…….

01- La espera

La noticia es escueta. Y en ella se resume en una palabra (en estas ocasiones es cuando más se sintetiza la noticia) lo inabarcable: se muere.

Hay palabras tan concretas que apenas cambian con el tiempo; a ellas, la moda, no las afecta. Resumen lo irresumible. Son palabras que están fuera de nuestro campo de acción, la muerte, el morirse alguien, es una de ellas.

Así que no había esperanza, se moría.

La muerte siempre está por encima de los muertos. Un sentimiento pagano hacia las cosas disocia a la muerte del muerto. Tras ella, el muerto deja de existir, incluso como muerto y reina la muerte. Poco se puede creer en otra vida cuando se tiene a ésta por incierta. Que alguien viva, que yo viva, lo he tenido siempre por improbable. Nos notamos vivir como un ir muriendo. Así que nada de trascendencias, la muerte está por encima de lo muerto. La muerte es una soledad sin impertinencias.

El andamiaje del morirse es variado. Su representación canalla, sin grandeza. Las grandes muertes son mixtificaciones, pedagogía para los vivos.

Alguien cercano se está muriendo. Nos avisan. En mi caso, contemplo a la muerte más que al muerto.

02- El agonizante

El agonizante yace tendido sobre una cama hospitalaria, maciza y hueca, repintada y alta. Ya sus movimientos son apenas la convulsión espaciada de su inútil lucha. Su pecho respira a bocanadas irregulares, asciende y desciende como un cohete, y se desploma. Inconsciente, según nos parece, su cuerpo se aferra al estímulo de sí mismo.

De vez en cuando el corazón le falla y golpea su pecho, sin estridencias, obligándole a vivir. Son actos cuya necesidad se reparte entre el amor a la vida y el temor a la muerte. Se prolonga la agonía por no perder la esperanza que en cada uno de los vivos aún anida.

El agonizante sin remedio se va muriendo en habitación compartida. Dos son los otros enfermos: El uno se aburre en la cama y, a ratos, cierra sus ojos para contemplar su aburrimiento; el otro, parece que mejorará, y se entretiene frente a un televisor que vomita impertinencias. El contraste entre los tres enfermos es enorme. Y la proximidad del agonizante no afecta lo cotidiano. Es todo bastante penoso.

Entran, llegan, y salen familiares de visita. Miran al agonizante. Algunos lo compadecen; otros, los más, se limitan a contemplar intrigados el espectáculo de unas carnes que se van. Un leve espasmo les recuerda las suyas.

Lágrimas saltan en una anciana que conoce al agonizante desde sus infancias propias. Es un dolor sordo, casi sin remedio, aceptado con resignación. Sus lágrimas, sin embargo, brotan espontáneas; se van formando lentamente, engordan y caen por sus mejillas aradas. Al televisor hay que inyectarle más monedas, si no es así, se apaga.

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4 Respuestas a “Chimenea (1D12)

  1. La gigantesca imagen lo es igual como homenaje.

    Mi afecto.

    • …y nosotros aquí ocupándonos de tonterías, don Jesús…ahora, que si no fuera así, cometeríamos alguna barbaridad…el mundo es un cangrejo…con lo bien que estábamos en los árboles…

  2. Bueno, este…

    …en caso de poder bajar del árbol…

    …yo no habría llegado al Monte Taigeto.

    • …nos civilizamos y se sustituyo el Monte Taigeto por Tele5…o los telediarios del señor Fran…o…esos nuevos barrancos sostenibles…

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