Adela y la aguja

01-AAdela Punset se tragó, doncella entonces, una aguja de coser mientras fruncía su falda. Fue al desestambrarle la orilla cuando, en un suspiro romántico, se le engulló en el dedo una aguja del seis. Tras muchas radiografías, lavados de estómago y especulaciones, nada se supo de su paradero. Vagaba por su cuerpo, ese fue el diagnóstico.
Creció Adela con el temor de que un mal día le pinchara el corazón, despuntara por sus senos o deambulara por su cerebro cegándole el entendimiento.
Sus propios movimientos la alarmaban temiendo facilitar los de su huésped. Vivía angustiada.
01-AdelaFue asomada en su pie la primera vez que la vio. Caminaba por la casa y notó su pinchadura. Se descalzó excitada, llena de gozo y porvenir; y la observó, encarada en su punta ya roma y erosionada en sus días.
Todo fue en vano. Cuando llegó el doctor Bertomeu, ya no estaba. Aquel día Adela lloró y aquella noche notó su avance tobillo arriba; como el ladrón que huye de las radiografías policiales. Estos episodios de pequeñas frustraciones la iban agotando.
Adela, lánguida y triste vivía junto a la muerte imprevista. Un dormir y no despertar, el fallecimiento en publico (ésto la horrorizaba considerablemente) o la diversidad de agónicas muertes que andaba imaginándose.
Su diferencia con los demás era la certeza de la causa de su muerte. La conocía, pues era del seis y rectilínea, acechando la panza de su ojal por sus costuras de carne para coser su mortaja. Y se espeluznaba.
Aunque la ciencia nunca confirmara sus imaginaciones, creía saber donde se encontraba la aguja en todo momento. Decía sentir sus andares y querencias, sus humores.
Confeccionó su vida a medida de su aguja. Los disgustos, sus tipos y variedades, determinaban su dirección, su dañina marcha. Era tal la correspondencia de sus males con el amartelamiento de sus manías que, llena de dengues, le huyeron las compañías.
Para el doctor don Anselmo Bertomeu, y así se lo decía, sus males, desgraciadamente, no se diferenciaban un ápice de los males de todos. Pero Adela, lánguida y sensible, no se dejaba engañar.

…….

…comenzamos con Adela, la buena de Adela, que de pequeño me regaló una chocolatina de naranja, nuestra sección Almacén de Conocidos…a los que ruego, si se sienten ofendidos, sepan perdonar mi atrevimiento al hacer una semblanza de sus ilustres vidas, algunas aún deambulando; otras, desgraciadamente para todos, languideciendo en las migajas del recuerdo cuando la vida ya sólo es hueso…(huesos, por cierto, en los que los arqueólogos pueden confirmar todo lo que digo)

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14 Respuestas a “Adela y la aguja

  1. Madre mía…! Si es que cada entrada suya, sea viñeta, historieta o relato es sobresaliente! Qué belleza de historia!

    En fin, sé que los elogios incomodan o quizá sirvan únicamente para extraviar, pero si no lo digo, reviento.

    Un saludo agradecido.

  2. …no me reviente don Javier que me pondrá el blog perdido…un placer que sus ojos aterricen por aquí…

  3. El placer es mío…

  4. Parace una biografía de la hermana fea de la divina; de Blanca Ordóñez, digo.

  5. ¡Simplemente genial! que disfrute, al leerlo, que regalo para mi hipocondria. ¿Gracias!

  6. Como le decía antes gracias a estos pequeños monitos me puedo conectar hoy en internet,…pero me lo quieren quitar ,…no tienen paciencia,…volveré a coser que es lo mío…ya me lo decía mi madre.

    fabuloso texto señor Micharmut.

  7. Fascinante.
    … No sé si los arqueólogos serán capaces de verlo, o lo pasarán por alto (anque Adela Punset no se dejara engañar)… Será todo un ajuar….
    Están preocupados ahora, los de la arqueología, con el verde manganeso, con la cerámica de reflejo dorado o con unos restos de un humano desconocido cuyos brazos le llegan más abajo de las rodillas, y anidan por allí muchos animalillos y se hacen larvas muy carnosas…
    Pero estaré pendiente, y daré aviso.

    ¿Sabes que hay unas espinas finas y afiladas que, por error, se clavan y penetran por la planta de los pies de los perros, y que van trepando, poco a poco, y que en ese viaje incluso pueden llegar hasta el corazón?

    • …mis brazos ya rebasan las rodillas y espero no ser objeto de estudio arqueológico…
      …no sabía lo de esas espinas y supongo que en el humano algo parecido harán…recuerdo alguna espina en un dedo que molesta un tiempo y el cuerpo la va disolviendo..o, furtivamente, nos abandonan por la noche y aparece entre las sábanas…
      …esto de los objetos que habitan el cuerpo es interesante…somos oficinas con patas de objetos perdidos…nunca los propios…

  8. Al revés que yo: al ser cojo… habito en un objeto.

  9. Ya, le entiendo; pero la vida se me abalanza… y añoro (lo soñé) cómo sería aquello de correr.

    Aunque tan sólo fuera ante los griseshijoeputas.

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