Lecturas para el Verano (2D5) un idilio sideral

02-Un-idilio-Sideral

Lander Bruyere percibió los brazos de Zena haciéndole señales. Así, a distancia, sin la cohibición que representaba la presencia de Alida Zena, bien pudiera decirse que estaba mirándola por primera vez. Y eso que habían compartido tres largos años de vuelo en el Calixto III.

Mas había sido larga turbación. Sí. Porque el capitán Bruyere, a su lado, experimentaba indefectiblemente una pasión por la Doctora Zena que descomponía su raciocinio. Y, a duras penas, lograba que la doctora no se percatara de su torpeza, de su total ninguneamiento ante su presencia. Pero, ahora, era otra cosa.

La doctora Alida Zena, desde los linderos del bosquecillo le hacía otra vez señales de atención, con un solo brazo agitado al viento.

Lander Bruyere cogió los teleprismáticos.

Y enfocó a Zena.

Un sudor frío fue perlando su frente. Porque zumeó a la doctora hasta no perder ningún detalle de su cuerpo. Su ajustado uniforme de acetato rosado no era más que un leve velo que no la ocultaba. Al contrario, la mostraba en todo su misterio: unos pezones eternamente erectos, coronando sus senos, como terrones de azúcar flotando en finas tacitas de porcelana. Unas caderas modeladas hasta la saciedad y un pubis, acentuado por una hendidura que parecía latir. Sí, los labios de su coño, y eso era lo que más turbaba a Lander, aquella palabra, se expandían y contraían acompasados y leves, como la respiración de un diminuto mamífero.

Enfocada con los teleprismáticos, la tenía en sus mismas narices. E, instintivamente, su mano se movió como acariciándola. Un mínimo gesto de osadía que asustó al mismo Lander.

Comenzaba a sentirse mal.

Un mareo, un querer cesar ese pensamiento, que lo aproximaba al salvajismo primitivo que esperaban estudiar en aquel planeta rosado, poroso y blando.

Chasqueó sus labios como si tuviera hambre.

De pronto, en la pantalla, las manos de Zena se cubrieron la raja en actitud de pudor.

Zena, pensó Bruyere, se estaba dando cuenta de su osadía. Lo había descubierto.

Entonces Bruyere, a grandes zancadas, se dirigió hacia la doctora. Pensó que para disculparse, mas, a cada paso, sólo fue percibiendo en él un desaforado instinto que se extendía como un reguero de termitas.

Fue entonces cuando la doctora Zena se apostó tras un matojo violáceo y apuntó a Bruyere con el Termoparalizador.

Cayó Bruyere de bruces, empapándose con tierra arcillosa la comisura de sus labios que habían babeado como los de un semental durante su loca carrera, adhiriéndosele aquella rosada tierra que asemejaba carne.

Ahora, Bruyere yacía tendido en la llanura.

La doctora recogió el botiquín del Telerotador y se dirigió hacia el cuerpo tendido, un tanto avergonzada por haberle disparado con el paralizador. Sabía que el capitán Bruyere la amaba, pero su torpeza en el coqueteo era tal que comenzaba a dudarlo. Aquel planeta, de ahí sus señales al capitán al descubrir un manantial de testosterona junto a dos empinadas lomas de floración pilosa, no era lo que parecía, sino un ciclópeo trozo de carne animal que vagaba por el cosmos en busca de otro semejante al que acoplarse. Ya habían sido avistados varios de ellos, creyéndose que no eran otra cosa que los restos de algún Dios dinamitado. Pues antes de colonizar las galaxias, se tenía a bien deshacerse de aquellos demiurgos insoportables que lo único que perseguían era desmesurarse en su propia egolatría y enredar como cotorras.

Ya junto a Bruyere, la doctora Zena preparó el antídoto despertador, lo mezcló con una ampolla de inhibidor, lo justo para que no recordara su última media hora vivida, y avisó al robot de la nave nodriza para el regreso. No sin antes haber efectuado un raspado a las lomas genitales del planeta por si se daba la ocasión, allá en la nave, de disolver unas gotitas en el zumo matinal del idiota de Bruyere.

…….

Novela Popular. Ejercicios de Estilo (espacial)

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2 Respuestas a “Lecturas para el Verano (2D5) un idilio sideral

  1. “los restos de algún Dios dinamitado”

    ¡Piramidal!

  2. Erotismo cósmico… coños como diminutos mamíferos!

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