V oluptuoso,si.
Pero Alice no lo apreciaba.
Apreció Alice a un perro. Después no tuvo lástima de nada más.
No apreciaba las puntiagudas, aserradas cumbres recientes, apenas rozadas por la erosión. Vírgenes y afiladas cimas, y verdes.
De todos los verdes tantos que se confunden con el amarillo y se confunden con azul. Y aún crecen, al lado, con ocres esparcidos, rojos y más amarillos. Y algún violeta, que desde la cabaña parece el de un muerto. Era allá en los bosques, y era en el otoño de los Yosemite.
El viejo Jujú le hubiera explicado porqué las montañas eran el mejor lugar del mundo para vivir realmente. Cotorreaba mucho el viejo Jujú, siempre embocado a su pipa de cáñamo. Cuando Alice llegó al valle con su esposo y una niña apunto, ya estaba el viejo allí. Tan viejo entonces como la joven sierra nevada. Eso fue antes de que la fiebre del oro bebiera sangre.
Voluptuoso y sensual, si.
Aunque, Alice, asqueada, fuera incapaz de apreciarlo. Es más: aquel paisaje tenía la cualidad de mortificarla porque era bello. Placer que aborrecía Alice profundamente. Desde que esposa de Jeffreys Barrow, conoció la infinita indelicadeza de un hombre salvaje y la grosería del contrato matrimonial. La geometría civil, de la que ella era una sombra insignificante entre la nieve.
Voluptuoso. Si…pero para alguien al que no recorriera en sus entrañas el voraz anélido del asco. No para Alice Barrow.
¿Quién demonios era Alice Barrow?, ¿Y, por qué Barrow?.
Y el tiempo todo, aparte.
