Archivo diario: 25 de octubre de 2010

Las manos del mono

Sólo se puede analizar lo minúsculo, las partes de un todo, un pellejo seco fijado en el tiempo. Lo divisible en elemental, la banalidad. Nada más indecoroso que fijar fuera de la memoria lo que debe permanecer en ella (puede que la cultura de la iteración a voluntad altere el mito y los procesos de mitificación cobren nuevas morfologías)

Sin embargo se está abocado a lo indecoroso. Sólo a mi favor la amnesia de estalactita desbocada (nada recuerda, y lo que recuerda no es fiable). Las palabras se simulan, se enmascaran con el fin de recordar todo lo que de impalpable tienen las sensaciones. Puestos así la mente no es más que un almacén de yescas almacenando chispas.

La sintaxis gráfica es un esfuerzo físico que agita lo corporal. Exige desentumecimiento previo. No entrenamiento, que roma con extraordinaria velocidad lo que exige erosión. Desentumecer lo gráfico es desatornillar los dedos a su azar. Alertados en todos los movimientos. Levantar los párpados de los dedos para que palpen la imagen y puedan dibujarla. Ni los dedos son el cerebro ni éste manda ellos. Sin el palpar de ciego en lo gráfico el dibujo nace cadáver, estereotipado, aprendido y falaz. Industrial.

Ese esfuerzo físico es enorme, pues agarrota el resto del cuerpo para que la blandura de la atención se concentre en dos brazos. Que aparecen extraños e independientes de la mirada atónita de su portador. Nuestra decisión será observarlo como un espectro transfigurado que mira con ojos de lápiz.