sólo para moscas

y griega

Febrero 6, 2008 · No hay comentarios

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Y se consume en vacuos ardores manando aturdida en sus brazos pus del color del maíz.

Tendida sobre el camastro las palabras en sus labios son como el tábano de Orión que duerme a los turistas. En la habitación, el vientre de la bestia ondula al unísono con el suyo. Los unen los tubos de galpilli bombeando enzimas verdosas.

Así, el doctor Latimer, auscultando los párpados de la bestia extraía los pequeños insectos y ordenaba su fluido externo antes de que formara parte del ungüento . A su lado, miss Duflex maceraba la pócima apretando sus labios, que entonces asomaban de un bombón grisáceo; estaba irritada.

- ¿cuanto plasma ha tragado, miss Duff ?

- casi la mitad, va bien…sólo me preocupa esa cosa horrible.

- sí, la maldita cosa metamórfica. No la habríamos encontrado si no hubiera enfermado en la señorita…pin.

- yin, yi, no sé.- dijo miss Duflex – todo esto es de una obscenidad que me da nauseas. no ve cómo nos mira y se hincha eso.

Cuando Y notó por primera vez aquello, descansaba en un sofá,uno de esos Vortex Special con manipulador gástrico de un motel de Urano. Así fue. Trepando por su pierna. Oh!, las piernas de Y, quién no las recuerda, cuatro y verde aceituna.

Era blando, rosa y, por entonces, adorable. Como todas las incipientes bestias.

Lo intentó acariciar y saltó sobre su ojo derecho.Y desapareció su iris. Y, desde entonces miró en blanco, porque su otro ojo se escondió despavorido. Y al cabo enfermó. Y, ahora se muere. Y.

Entonces habló como ella.Y gruñó.Y murió. ¿Y?.

Nos tendremos que ir acostumbrando.

Categorías: 07 Lecturas instantáneas · serie centauros del espacio

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